Autor
Eduardo Almeida

Perdido en el resonar latente de las montañas, en su inmensidad abrumadora y en las frías cimas cubiertas de nieve y hielo, donde el espíritu fluye como el agua entre las rocas y se libera de la prisión impuesta, es quizás allí donde encuentro lo que creí perdido. Es allí donde renacemos y donde nuestra pequeñez ante el mundo nos recuerda cual es nuestro verdadero lugar y aquello de lo que somos parte inmanente. Es en el viaje de las nubes, en su belleza efímera, es en sus formas y elegancia donde encuentro el equilibrio que acaricia los montes, que juega con las texturas en la piedra, con la luz en los valles y con el reflejo de los lagos. Es en los bosques cerrados y en sus senderos, es en su penumbra, donde encuentro el misterio que alimenta mi curiosidad. En la caída libre de la cascada, en su sereno rugido convertido en seda blanca, es allí donde encuentro el auténtico silencio, donde encuentro la verdad intemporal. Es en el tronco retorcido del árbol dormido en mitad de la estepa, en su soledad centenaria, es en el recuerdo de miles de ocasos, donde yo encuentro la sabiduría.

 

Soy un viajero, un explorador del mundo, en busca de una esencia, de un significado, de mí mismo. Es mi cámara la que refleja ese viaje, ese búsqueda de la esencia que nos ata al mundo, a la naturaleza, al aire. Pienso que la verdadera libertad no consiste en decidir hacia dónde queremos ir, sino en comenzar el viaje sin fijar un destino.

 

Nací en 1985 en Zamora, una pequeña ciudad al oeste de España. Desde muy joven me dediqué siempre al negocio familiar y al cual sigo dedicándome en la actualidad. Mi pasión por la fotografía comenzó a los 19 años cuando mi madre me regaló mi primera cámara réflex. Hasta ese momento no había tenido jamás contacto con el mundo de la fotografía, y todo era nuevo y complicado para mí. La curiosidad por aprender y la dedicación consiguieron que se convirtiera no solamente en una pasión, sino además en una forma de ir poco a poco plasmando lo que mis ojos veían y lo que mi corazón sentía. Mi aprendizaje fue totalmente autodidacta, impulsado en ocasiones por la obra de grandes fotógrafos como Ansel Adams o Michael Kenna, y en otras ocasiones por técnicas propias, unas veces fruto de la casualidad y otras de forma premeditada y estudiada. Busco principalmente paisajes montañosos y escarpados como los que se encuentran en el Parque Nacional de los Picos de Europa (España), zona por la que suelo perderme habitualmente y que cuenta con una belleza salvaje increíble. Adoro las texturas naturales de los bosques y de las rocas en mis imágenes, y creo que son una parte distintiva en ellas, así como los juegos de luz creados por las nubes en los valles y el misterio de las brumas entre las cimas.

Realizo ya mayoría de mi trabajo en soporte químico y en formato medio, de la mano de una Hasselblad 500C/M que acompaña cada nuevo sendero que inicio. Para mi, la riqueza y profundidad que ofrece en negativo químico en blanco y negro no es alcanzado por ningún sensor digital hasta la fecha, y lo mismo sucede con los papeles fotosensibles si los comparamos con las impresiones inkjet. Además, el proceso fotográfico clásico, sin mediación de computadoras, ofrece un acercamiento más artesanal y sentido a la fotografía, dando como resultado unas copias que reflejan el mimo y detalle en cada uno de pasos que dan origen a su elaboración.

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